Discapacidad Motora Parte 3: La importancia de una evaluación integral

Introducción

Después de conocer qué es la discapacidad motora y comprender que un mismo diagnóstico puede tener causas muy diferentes, surge una pregunta importante: ¿cómo se llega al diagnóstico?

Muchas familias creen que basta con una radiografía, una resonancia magnética o una consulta médica para conocer exactamente qué ocurre. Sin embargo, el diagnóstico de una discapacidad motora suele ser el resultado de un proceso de evaluación en el que participan diferentes profesionales de la salud.

Más que poner un nombre a una condición, la evaluación busca comprender cómo se mueve el niño, cuáles son sus fortalezas, qué dificultades presenta y qué apoyos necesitará para alcanzar su máximo potencial.

Hablar de discapacidad motora no significa referirse a una condición poco frecuente. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF, aproximadamente 1 de cada 10 niños en el mundo vive con algún tipo de discapacidad, lo que representa cerca de 240 millones de menores. Entre ellas, las limitaciones físicas y neuromotoras ocupan un lugar importante. Esta realidad resalta la necesidad de que las familias conozcan las señales de alerta, comprendan cómo se realiza el proceso diagnóstico y sepan cuándo buscar una evaluación profesional.

¿Quiénes participan en el diagnóstico de la discapacidad motora?

Llegar al diagnóstico de una discapacidad motora no suele depender de una sola consulta ni de un único examen. En la mayoría de los casos, es un proceso en el que participan diferentes profesionales de la salud, cada uno aportando información desde su área de conocimiento.

El objetivo no es únicamente colocar un nombre al diagnóstico, sino comprender de manera integral cómo se encuentra el niño, cuáles son sus fortalezas, qué dificultades presenta y qué apoyos necesitará para favorecer su desarrollo.

Dependiendo de cada caso, el equipo puede estar conformado por pediatras, neurólogos pediatras, ortopedistas, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, terapeutas del lenguaje, psicólogos y otros profesionales cuando sea necesario.

Cada uno observa aspectos diferentes del desarrollo y, al integrar toda esa información, es posible obtener una visión más completa de la condición del niño.


Una evaluación integral va más allá de un solo examen

En ocasiones, además de la valoración clínica, el médico puede solicitar estudios complementarios cuando considera que son necesarios para comprender mejor la causa de las dificultades motoras o descartar otras condiciones.

Entre ellos pueden encontrarse estudios de imágenes, pruebas de laboratorio, evaluaciones genéticas o neurofisiológicas, entre otros. Sin embargo, no todos los niños requieren los mismos estudios. La decisión dependerá de la historia clínica, los hallazgos durante la evaluación y la sospecha diagnóstica de cada caso.

De igual manera, las evaluaciones realizadas por los diferentes profesionales permiten conocer aspectos importantes como:

  • El control de la cabeza y del tronco.
  • El tono muscular.
  • La fuerza.
  • El equilibrio y la coordinación.
  • La postura.
  • La forma de desplazarse.
  • Las habilidades para manipular objetos.
  • La comunicación y el lenguaje.
  • La participación en las actividades propias de su edad.

Toda esta información ayuda a elaborar un plan de intervención individualizado, adaptado a las necesidades y capacidades de cada niño.

“Más que buscar un diagnóstico, la evaluación busca comprender al niño.”

Recibir un diagnóstico de discapacidad motora puede generar muchas emociones e incertidumbre. Sin embargo, también representa el inicio de un camino en el que la familia y el equipo de salud trabajarán juntos para comprender las necesidades del niño y acompañar su desarrollo de la mejor manera posible.

Escuchar a la familia también forma parte del diagnóstico

  • ¿Cómo fue el embarazo?
  • ¿Hubo complicaciones durante el parto?
  • ¿Cuándo empezó a sostener la cabeza?
  • ¿Ha perdido habilidades?
  • ¿Cómo juega?
  • ¿Qué preocupa a la familia?

Son algunas preguntas que aportan información valiosa para el diagnostico del niño.

Cada niño es diferente

Dos niños pueden tener el mismo diagnóstico y necesitar apoyos diferentes.

Porque: uno puede caminar con dificultad, otro puede utilizar silla de ruedas, algunos pueden tener dificultades en la coordinación; pero cada uno tiene su propia personalidad, cada niño es único.

¿Cuándo es recomendable buscar una evaluación?

Como padres o cuidadores, nadie conoce mejor a un niño que quienes conviven con él cada día. Por eso, cuando algo genera dudas o llama la atención, es importante observar sin miedo y buscar orientación profesional.

No se trata de vivir preocupados ni de pensar que cualquier diferencia significa un problema. Tampoco de comparar constantemente a un niño con otros. Cada pequeño tiene su propio ritmo de desarrollo.

Sin embargo, hay situaciones en las que conviene prestar especial atención.

Por ejemplo:

  • Si el embarazo fue considerado de alto riesgo.
  • Cuando en el parto hubo complicaciones, como falta de oxígeno, prematuridad o bajo peso al nacer.
  • Si el bebé permaneció hospitalizado en cuidados intensivos.
  • Si ha presentado infecciones importantes, convulsiones u otras enfermedades que puedan afectar su desarrollo.

En estos casos, el seguimiento del desarrollo cobra aún mayor importancia.

Evitemos comparar

Es frecuente escuchar frases como:

  • “El hijo de mi hermana caminó hasta los dos años.”
  • “Mi otro hijo también era muy tranquilo.”
  • “No se preocupe, ya hablará cuando quiera.”

Aunque estos comentarios suelen hacerse con buena intención, no siempre son útiles.

Cada niño tiene un proceso diferente y, cuando existe una duda, es preferible acudir a un profesional que esperar únicamente porque otro niño tuvo un desarrollo parecido.

Conclusión

Un diagnóstico no es el final de la historia, sino el comienzo de un camino de acompañamiento, aprendizaje y oportunidades. Comprender cómo se realiza la evaluación ayuda a las familias a participar activamente en el proceso y a tomar decisiones informadas junto al equipo de salud.

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